(olfatea) Esta carne prestada...
Lo conozco bien.
Eredrim.
Lo he visto muchas veces en los atisbos.
Mató a mi hermano.
Bah... no hay rencores.
Ya no.
Mi hermano anhelaba morir. Eredrim le dio lo que buscaba.
Un caballero como él no nació para la paz.
Es tuyo, el atisbo.
Lo conservé por demasiado tiempo.
Quizá encuentres un recuerdo que valga la pena revivir.
En cuanto a mí... es hora de dejarlo atrás.
(suspira profundo) Volvamos a tu tarea sagrada.
